Empresarias y empresarios: más nos vale comenzar a innovar

Debemos dejar de ser como Tomás y comenzar a actuar como Pedro

Jesús Assad

Jesús Assad

Emprendedor y co-fundador de Disruptive Angels

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Cuando de innovación se trata, muchas personas son como Tomás: necesitan ver para creer. Desafortunadamente, esto ha dado pie a que, por ejemplo, se mal interprete la gran cultura de éxito que se ha desarrollado en Silicon Valley: hay quienes piensan que todo aquel que pretende innovar se la pasa jugando en una oficina colorida, con personas que visten de forma rara e informal.

La innovación no se da por azar. Existen distintos procesos de innovación que, aunque ninguno te asegura el éxito, todos te acercan más a él. Entre ellos está el denominado Design Thinking, enfocado a la creación de nuevos productos; otros procesos de innovación son abiertos, en donde personas externas a una empresa u organización participan en la solución de un problema; o procesos de innovación cerrada, en donde empleados de una empresa enfocan sus esfuerzos para innovar, entre otros muy exitosos.

Cuando se trata de innovación a veces debemos poner los pies en el agua, aventurarnos inteligentemente e intentar caminar sobre él. 

En el caso del proceso de innovación abierta que nosotros implementamos en Disruptive Angels, me ha tocado ver ?y en varias ocasiones? cómo se transforma la manera de pensar de varios ejecutivos importantes en torno al tema de la innovación. Me gustaría seguir presenciando estas transformaciones para que, en un futuro, empresarios y ejecutivos de alto nivel dejen de ver al tema de la innovación como un tema de moda o incluso como una carga extra, cuando en realidad se trata de un tema prioritario.   

Los avances tecnológicos hacen que cada día se avance más rápido, y con más avances vienen más cambios; más nos vale a todos comenzar a innovar, ya sea para acoplarnos al cambio o ser nosotros quienes lo generemos.

Debemos dejar de ser como Tomás y comenzar a actuar como Pedro, cuando se trata de innovación a veces debemos poner los pies en el agua, aventurarnos inteligentemente e intentar caminar sobre él. Lo peor que puede pasar es que nademos un poco y disfrutemos del proceso.

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